"El sol no había nacido todavía. Hubiera sido imposible distinguir el mar del cielo, excepto por los mil pliegues ligeros de las ondas que le hacían semejarse a una tela arrugada. Poco a poco, a medida que una palidez se extendía por el cielo, una franja sombría separó al cielo del mar, y la inmensa tela gris se rayó con grandes líneas que se movían debajo de su superficie, siguiéndose una a otra, persiguiéndose en un ritmo sin fin."
Virginia Woolf, Las Olas
"El era libre, pero infinitamente, hasta el punto de no sentir su peso sobre la tierrra. Y le fataba ese peso de las relaciones humanas que entorpece la marcha, las lágrimas, las despedidas, los reproches, las alegrías, todo lo que un hombre acaricia o rompe una vez que esboza un gesto, los millares de ataduras que lo ligan a los demás y le hacen sentir que pesa. Pero sobre Bark pesaban ya mil esperanzas."
Antoine de Saint-Exupery, Tierra de Hombres
0.1 Lo mudo compartido
Esa tarde le hubiera gustado decirle que le hiciese el amor, que no importaba que sólo hubieran pasado escasos días desde el acontecimiento que marcaba hoy su vientre con una prolija línea morada.
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Ese día la enfermera confundió mi pastilla con una de anti-parkinson. Se lo hice notar, y trajo la correcta.
Pero mi temblor era de miedo, y ya no se manifestaba. Era el sacudido de la sangre tensa, la incomunicable actividad subterránea regenerándose.
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Lo había sostenido cuando aún no pesaba, desde su más primitivo devenir, y ahora debía soltarlo. Su mano abarrotada se destensó con un tenue llanto soltando el papel. Lo dejaba partir.
En ese momento la mano quedó libre y reconoció otra mano, aquella mano que había estado a su lado siempre, la reconocía. Con esa mano le había devuelto el color y la salud a su cara púrpura del miedo. Era la mano que había surcado su cuerpo con delicadeza, dibujando estelas invisibles en sus más finos pliegues y sutiles prominencias en tantas noches, en tantos días. Eran las manos amadas reencontradas, fortalecidas, uniéndose, esta vez concientes, hacía la vida.
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Sus ojos brillan. Cuando brillan puedo verme en ellos como cuando me miro en un arroyo fresco y vivo.
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A veces hace falta desvestirme a golpes de todos los sueños, de todas las proyecciones; de todas las ilusiones, para poder ver con claridad los cálidos colores del amor, la suave brisa de un sincero entendimiento, la vitalidad en una risa compartida. Y cuanto más ciertas y potentes pueden ser estas mínimas impresiones junto al ser amado, cuanto más fuertes, cuando por fin desnudos en alma nos encontramos.
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Si pudiese agradecer sólo una cosa, podría acaso ser esa? Que el devenir de la vida sea la respuesta afirmativa a esa pregunta.
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Reconozco una sutil resistencia a aceptarlo. Aún mi cuerpo no se adecua a la inefable soledad de un vientre vacío y unos pechos desbordándose sin boca que alimentar. Hay belleza en el dolor. La belleza más triste que el amor haya engendrado jamás.
02. No - Lugares
A veces siento que pertenezco a aquel presente en el cual él no vive, mientras se baña en recuerdos y memorias del pasado. (Haciéndome desear ser su pasado.)
(Otras veces no. Otras veces siento amor... sincero.)
Por eso, tal vez y solo tal vez, es tan necesario que yo logre en la profundidad de mi dolor, aprender y saber valorar el instante; aquel eterno presente en plena metamorfosis.
El dolor. Esa terrible resistencia a vivir el presente. Esa manía iracunda de apegarse al pasado o al futuro.
Al contrario de él, en mi caso era al futuro. Pero en ambos nos jugaba la misma opresión.
Una proyección de futuro me fue arrebatada en un efluvio de mareas rojas descendentes, junto al ser al que le había destinado mi más profundo amor. Pero las promesas, los proyectos, las ideas, son aire. Los recuerdos, las memorias y nostalgias también.
Y cuanto peso tienen. Si la pérdida del objeto real es dolorosa y pura, la pérdida de lo que aquel objeto implica, representa y/o simboliza es angustiosa y terrible.
Consumación del ego. Hágase Mi voluntad. Eso es para mí, lo que significa no aceptar el acontecimiento que es la vida. Y me cuesta aceptarlo.
La rueda gira. El juego de intensidades y potencias sigue su curso. No se detiene por más que nuestras mentes se acuesten a reposar en senderos conocidos o deseados, y aquel reposar, debe ser aquello que diferencia al ser humano de otros tantos seres.
Si supiésemos coincidir nuestras deambulantes ensoñaciones en un instante, y que ese instante coincidiese con el acto, nos encontraríamos frente algo tan real que probablemente nos sobrepasaría. “Surfear” las olas del acontecimiento. El espíritu del Zen. Grano de arena inasible que cuando creemos tenerlo en nuestras manos ya se ha escapado ileso.
De eso, en el fondo, siempre se trata el asunto.
Mi consigna: No permitir que los fantasmas de un futuro que no fue, empañen el presente.
03 - En sueños
Me gusta mirarte cuando dormís, los surcos sobre tu rostro, la geometría romana de tus facciones, que tanto me atraen. Me agrada en especial como caen tus cejas enmarcando dos líneas combadas de acaudaladas pestañas negras.
Mi amado en silencio sueña. Sueña cosas que al despertar no se acuerda.
Es pacífico mirarte descansar en nuestra cueva de mantas, abrazando una almohada vieja pero amable. Amo poder ser testigo de aquella intimidad que es el sueño, poder compartir esas pequeñas joyas de la vida contigo.
04 - No sé
No se como escribir sobre esto. No estoy pensando en nada, solo me agarran ganas de llorar, intermitentes.
Hoy tuve la cirugía muy presente, imágenes evocadas por percatarme de que no me sacaron todos los puntos de la cicatriz, y por más que tire de uno de los hilos, no sale. Que no haya salido el hilo entero hace que se me prolongue el aura de la operación.
Creo que hoy lloro por la violencia. La violencia que habrá sentido mi hijo al encontrarse sin más oxígeno, la violencia de la sangre derramándose, la violencia del bisturí sobre mis capas cutáneas y musculares, la violencia en sí que implica el arrebato de un hijo a la fuerza, del lugar en el que creía que estaba más seguro y protegido, mi propio cuerpo.
Y donde estás ahora? Hijo mío. Tu cuerpo yace con otros cuerpos que comparten tus genes. Pero Vos, hijo mío, donde estás? Para los griegos el alma era aquello que dotaba de movimiento a un cuerpo. Aquello que hacía que lata su corazoncito, que se muevan sus patitas y manitos y yo lo pudiese sentir. En media hora desapareció eso de golpe. A cambio me encontré con una fina línea morada en mi bajo vientre y un vacío mudo desbordante. Como le explico a mi cuerpo, que es puro instinto maternal, que no va a poder sentir a su hijito más? A fuerza de pastillas me cortaron la leche materna. El sentimiento de maternidad no se puede cortar de ese modo, y rebalza en lagrimas. Gotas y gotas y gotas de potencialidad desperdiciada.
05 - La muerte
La muerte.
Dejar de ser uno,
para volverse infinito.
Dejar de estar en un lugar,
para estar en todos.
06 - Cien mil pies
Cien mil pies al sur
Cien mil, y una noche
Derramada en estivales atonías
Salvajes
Siguiendo el paso
Pasaje enmudecido
Por la niebla
Se acerca el día
En que la estrella descienda
Inmaculada
Y férrea
Un paisaje rítmico
Una hoja.
El silencio de la cresta indómita
Salpicando el cerezo.
Escondes en ascuas,
Penas
E inciensos.
Quemas.
La salvia eterna de la boca
De un manantial.
07 - Transmutación
Transmutar el dolor en amor. La muerte en a-mor: no-muerte: Vida.
Descubro un caudal de aquella vida fluyendo por mi cuerpo, abro los ojos y estás vos, con los brazos abiertos, comprendiendo lo mismo que yo, Vivos. Amados. Te amo.
08 - Se llama amor
Una tristeza con forma de anhelo.
Te busco.
Te extraño.
Estás dentro mío, lo se.
Sigue siendo así,
pero ya no colmas mi vientre, sino mi alma.
Algo nuevo se gesta dentro de mí.
Algo se destapa.
Lo has develado tú
en esta corta estadía
de vida.
Se llama amor.
09 - Intensidades
Hay un momento en la vida de una mujer, un punto de corte, en donde ya no se le pide al cuerpo que exprese, genuino, toda su intensidad. Ese momento, surcado por algún acontecimiento particular, o no, te enfrenta al espejo: Un rostro con pieles diferentes, de colores diferentes, texturas diferentes, todo en uno. No, ya no se le pide al cuerpo que se muestre tal cual es. En cambio, se enmascara, se esconde, se disfraza de un contorno particular. Propio, pero uniforme. Ya no más surcos, poros, tonalidades. No. Demasiada incontrolable intensidad para un rostro.
Me tapo. Me quiero ocultar, porque ya no es posible negar el flujo que, con fuerza desmedida, brota de mis ojos, de mis comisuras, de los finos pliegues que con delicadeza trazan mi frente. Hay algo que quiere salir, que ya no puedo ni debo frenar, aunque lo siga intentando.
Volverme mujer. Volverme mujer a cuestas de una pérdida. Ser parte de esa esencia mujer, por primera vez. Relacionarme con esa esencia desde dentro, y ya no más desde afuera, desde algo ajeno.
Me miro al espejo, pero tengo que pintar mi rostro, devenir femenina, para soportarme. Es casi una necesidad. Es casi una afirmación de ser. De ser yo. Ya no me puedo sostener por mi misma, desde lo inconciente. Hubo una perdida, y la necesito compensar dentro mío.
La intimidad. Se me escapa, se muestra. Se me muestra. Acá estoy y me duele tanto. Me vuelvo a mirar al espejo, ojos tristes. Soy muy pequeña, pero me recorre un dolor arcaico, viejo, maduro. Los años se expanden, se vuelven elásticos, concentran dentro miles de años que pasan veloces. La vejez me aborda sin que el cuerpo lo note, pero aún así me acicalo, me pinto, no vaya a ser que esto que se me rebalsa, sea tan evidente. Se cae de mí. Lo se.
Quiero escapar de mí. Quiero convertirme en otra cosa. En agua. En piedra. Quiero morir, pero no matarme, y estoy aquí, esperando con ansias.
Esperar. Que hago con esta espera? En qué la transformo? No quiero morir en vida, quiero vivir en muerte, como una pluma blanca al viento. En vida también quiero vivir, mientras espero la vida de la muerte. Quiero vivir.
10 - Lo femenino
Algo se devela dentro mío, una intensidad desconocida por mi hasta ahora. Ha estado siempre, en mí, pero latente y oculta? O es algo nuevo que se asoma, con ilimitada fuerza creadora y misterio?
Tal vez hay un poco de ambas posibilidades. Quizas ni siquiera importa.
No recuerdo haber sido consciente jamas de esta especie de "pulsión" femenina. Nunca me he relacionado a través de ella, sino todo lo contrario. Era una energia velada para mí, tal vez también un poco desprestigiada, en contraposición a cierto caracter masculino que siempre sentí inherente. Me relacionaba con "lo femenino" desde un lugar no femenino.
Pero ahora Esto.
Es una comunicación.
Una ola potente.
Un devenir.
Una fuerza nueva.
Por qué una Comunicación? Porque está vivo. Ebulle. Va y viene, y necesito comunicarme con esa Esencia, desde mi esencia, ahora sí, mujer, que conecta con la Esencia conectora de todas esas esencias.
Podría decir que, soy parte de esa esencia que hablo, pero recien ahora he conectado con ella. Antes era un Ser con una sutil desconexión invisible.
Pero algo hizo contacto.
El todo de vivencias ya no es un todo amorfo. Ahora puedo marcar diferencias. La maravilla de lo diferente, de encontrarse nueva, original, irrepetible, con cualidades compartidas solo con Ellas.
y a Ellas las busco en libros.
Miles de Ellas tan diferentes a mi, pero tan yo en ese punto: mujeres.
Tengo la curiosidad como de niño frente a algo completamente nuevo. Tal vez suene insólito, pero es así.
Como puedo escribir esto sin caer en un feminismo desgraciado, tan anti-yo-de-antes y explicar la sensación transitante que me recorre? No lo se. Se que no tiene nada que ver con el feminismo ni con nada de eso, sino con un reconocimiento, en ningun aspecto genital, ni social, ni ideológico, sino espiritual de Ser y tener potencialidades femeninas con las cuales jamás había conectado.
Ser madre.
Ser madre sin hijo.
O con un hijo angel.
Un hijo maestro.
Una madre infante.
La transmutación de miles de abrazos y caricias en intensidad espiritual, en ánima creadora. El objeto no es objeto. Es un no-objeto existente. La comunicación es entre diferentes planos. Diferentes vizcocidades. Diferentes estados.
Es eso. Ahora lo puedo entender mejor.
Es energía que no tiene objeto físico. Es energía que necesita ser transformada para poder ser sacada de mi. Me rebalzo. No es feo.
No es feo porque lo puedo transmutar.
Es eso femenino.
O mejor dicho maternal.
Soy madre.
Soy mujer.
Por primera vez.
Se pueden ser muchas cosas, a lo largo del tiempo y al mismo tiempo también.
Hay cosas que fuí y deje de ser, cosas que sigo siendo, cosas que quiero dejar de ser y cosas que me gustaria ser. Ahora esta esto. Nunca fui conciente de esto.
Pero esta y es hermoso. Es nuevo. No naci con ello, por lo menos no desplegado... no desarrollado. Latente, tal vez. Escondido. Y ahora explota como si estos 24 años de espera para salir hubiesen incrementado la potencia.
Rebalzar.
Eso.
y tanto mas.
Leo mucho. A Lessing, a Iwasaki, a Duras y a Woolf. Woolf es, por lo pronto, una hermana de almas. Así como puedo relacionarme con mi hijo angel y mis potenciales hijos, puedo relacionarme con ella desde este nuevo "filtro" que no se como describir y que llamo "femenino" o "maternal"por falta de palabra adecuada. (necesitaria una palabra no fija, una palabra mutante y deviniente para describir estas intensidades).
Son sensaciones bellas.
Mi vida es bella y es triste a la vez.
Pero sumamente bella.
Es tantas cosas a la vez... y no existen el principio de no contradicción, ni el principio de identidad. Son puras mentiras. La lógica es una gran mentira. Y eso es exquisitamente hermoso también.